Capitalismo y darwinismo social


El capitalismo puede definirse como el orden social que resulta de la libertad económica en la disposición y usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción. Se trata, además, del sistema económico dominante que consiste en la explotación del hombre por el hombre. Siendo el sistema que rige la economía global, puede entenderse como el principal responsable de la pobreza y la desigualdad de las sociedades actuales. El sistema económico divide a la sociedad en clases y existe una lucha continua entre la clase dominante y la clase oprimida.

En la etapa actual del capitalismo (imperialista para algunos, intervencionista para otros) la lucha de clases no se manifiesta de una manera concreta y evidente como en las primeras etapas capitalistas e incluso en el capitalismo liberal de fines el siglo pasado. El capitalismo regulado por el Estado, que surge como una reacción a las amenazas que representaba para el sistema el antagonismo abierto de las clases, acalla ese conflicto de clases. Habermas señala que el capitalismo tardío está hasta tal punto determinado por una política de compensaciones que asegura la lealtad de las masas dependientes del trabajo, lo que significa, una política de evitación del conflicto. En esta etapa que se caracteriza por el desarrollo científico y técnico, las fuerzas productivas parecen entrar en una nueva constelación con las relaciones de producción: ya no operan en favor de la ilustración como fundamento de la crítica de las legitimaciones vigentes, sino que se convierten en las mismas en base de la  legitimación (1). El método científico, que conducía a una dominación cada vez más eficiente de la naturaleza, proporcionó también tanto los conceptos puros como los instrumentos para una dominación cada vez más efectiva del hombre sobre el hombre a través de la dominación de la naturaleza.

En este contexto es fundamental remarcar el papel del darwinismo como forma de legitimización de la opresión y como la “racionalización” del sometimiento de la libertad del hombre a la libertad del mercado.

Darwinismo Social

El conceptp de darwinismo social suma más confusión  que certezas –como casi toda definición relacionada al darwinismo- , lo cual es útil al fortalecimiento de la supremacía de las ideologías y doctrinas dominantes. La definición más aceptada y que puede encontrarse –con más o menos las mismas palabras- en cualquiera de las voces que multiplican el relato tradicional, es la siguiente: “la extensión de las ideas de la lucha por la existencia y la selección natural darwinianas al campo de la ciencias sociales y políticas.”

Esta definición generalizada esta construida dentro del dogma dominante, el darwinismo, y el contexto sociopolítico al cual es funcional, el capitalismo. Las definiciones establecidas, siguiendo con la religión darwiniana,  pretenden así salvar al líder Darwin de las consecuencias que tienen la aplicación del darwinismo y su comprensión (y la explotación) de la naturaleza bajo su óptica antropocéntrica y economicista.

Por un lado, se confunden conceptos básicos como definir el darwinismo como una teoría, cuando se trata de una ideología, y se limita el hecho de la evolución a la teoría darwiniana, confundiendo hecho con teoría,  y por otro lado  se omite que fueron las ideas –económicas y sociales que dieron origen, al decir del propio Darwin, al libro en el cual se sustenta el dogma darwinista.

  La discusión suele centrarse en la opinión de naturalistas que consideran siempre al darwinismo no solo     como teoría, sino además como teoría válida (por ej. Haeckel, Virchow, Schmidt, etc.), lo cual no es correcto como ya fue ampliamente discutido en este y otros blogs y artículos. A partir de allí, el concepto de darwinismo social involucra todas las posibles analogías unidireccionales entre la biología y la sociedad, de manera que se suma vaguedad, polisemia y confusión.

De esta manera, el término darwinismo social pretende describir las proyecciones, analogías, continuidades de la explicación darwiniana de la naturaleza a la economía y la sociedad, ocultando los orígenes reales y acusando siempre a ciertos científicos o pensadores del mal uso o interpretación de las brillantes e “impolutas” ideas darwinianas.

De una manera simple y concreta, la lógica de los puntos de vista que se encuentran respecto al concepto son:

El darwinismo social es…

a)       Competencia entre individuos. Continuación de la competencia en la naturaleza a la sociedad. Es un mecanismo natural que haya seres superiores o con ventajas. Esto es beneficioso para la sociedad. (Guerras, eugenesia, racismo, mejoras genéticas).

b)       Competencia entre individuos. Esto es malo para la sociedad. Se trata de una mala interpretación de las ideas de Darwin.

Los orígenes 

Pero debemos hacer una importante aclaración ante este escenario que propone la historia oficial y el relato dominante. En 1880 Emile Gautier publica el libro El Darwinismo social (sumémoslo a la lista de excluidos de la historia oficial) donde afirma “el libro de Darwin se ha convertido en la Biblia de los nuevos explotadores, el sacrificio del débil será justificado en nombre de la ciencia”. Gautier, en la misma obra, intenta definir al darwinismo social como el refuerzo de la solidaridad y protección de las víctimas del sistema y la colectivización de los medios de producción, como reacción a las ideas económicas del darwinismo. Con esto queda claro el por qué de su olvido.

El término aparece desde entonces con diferentes significados e intenciones. No podemos dejar de lado que la intención de definir al darwinismo social como una aplicación del darwinismo en la sociedad y la economía como la continuación del darwinismo (punto b, más arriba)  tiene la intención (manifiesta en algunos casos, oculta en otros) de salvaguardar la figura de Darwin, ante las formas que toma el darwinismo social en el siglo XX (eugenesia, nazismo, mejora racial, etc. (punto a).

Aquellos “profundos” análisis siempre se olvidan de lo elemental: Las ideas sociales y económicas de Malthus, Smith y Spencer constituyen la base darwiniana. Reconocerlo, implica aceptar por un lado la manifiesta debilidad teórica, pues se trata de una proyección antojadiza de una ideología y, por otro lado, la clara intencionalidad de la misma: justificar como ley natural la desigualdad entre los hombres regida por el mercado.

La visión egoísta, que parece tan fácil extrapolar al comportamiento del libre mercado o laissez faire, se adecua perfectamente  porque tiene su origen en él. Se trata de un círculo ideológico que nace en la economía del libre mercado inglesa del siglo XIX y se proyecta a la naturaleza y se utiliza nuevamente como una ley natural. La ley económica capitalista se convierte así en ley universal incuestionable.

Entonces lo que muchas veces intenta colocarse bajo la discusión del concepto de Darwinismo social, se trata simplemente de Darwinismo. Esa visión social que implica que la otra persona importa muy poco, sino como medio de obtener un fin. Las personas son medios explotables. Es por ello que M. Sandín afirma que el darwinismo social es una redundancia. Y podemos diferenciar y definir entonces:

c)       Darwinismo. Proyección de las teorías económicas del libre mercado a la naturaleza.

d)       Darwinismo Social. La continuación de las prácticas económico-políticas del libre mercado y el capitalismo utilizando una justificación natural. Se impone a la sociedad (y se naturaliza) que las leyes darwinianas son leyes naturales, en tanto que se tratan de imposiciones económicas.

De esta manera podemos comprender que el naciente capitalismo encuentra un maquillaje científico que lo va acompañar a lo largo de toda su evolución y expansión. Este maquillaje es el que hasta nuestros días suele mencionarse como uno de los logros del autor del “origen de las especies” (On the Origin of Species By Means of Natural Selection, or, the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life). Se señala que, con Darwin, una explicación científica reemplazaba y enfrentaba a las ideas tradicionales religiosas que defendían (o creían) en el fijismo de las especies que manifestaba que las especies fueron creadas tal cual se observaban y permanecían inmutables a lo largo del tiempo.

En primer lugar, se debe remarcar que las ideas de la transformación de las especies y el estudio del registro fósil como prueba del cambio evolutivo, eran ya avanzados en Francia (Buffon, Saint Hilaire, Cuvier, Lamarck, Trémaux, etc.) desde hacía más de 100 años al momento de la aparición del libro de Darwin. Además este libro no constituye un gran avance en el estudio evolutivo, sino que reúne una serie de observaciones realizadas por otros naturalistas, muchas veces anónimos, sumado a  ejemplos y afirmaciones infundadas, y observaciones de animales domésticos que conforman un mediocre, desordenado y científicamente endeble cúmulo de especulaciones con aires de teoría. La frase del Prof. Haughton, citada por el mismo Darwin en su autobiografía, lo resume acertadamente: “Todo lo que había de nuevo era falso, y todo lo que había de cierto era viejo”.

Las leyes naturales del mercado

Se suele mencionar (otra vez, la historia oficial) que el éxito de Darwin se debió (y se debe) a que dio una explicación alternativa a las ideas religiosas acerca del cambio de las especies (hasta los darwinistas, han confesado que nada habla sobre el origen de las especies) sin embargo, la clave del éxito del darwinismo, como ideología socio-económica es precisamente la tendencia religiosa y conservadora de la sociedad que la recibió.

Antes de Darwin, la idea religiosa y filosófica dominante europea se conoce como “teología natural” o “religión de la naturaleza”.  Esta ideología, ampliamente aceptada en esa época, entendía que existía una “lucha por la existencia” donde los débiles eran víctimas de los fuertes. Pero esto, lejos de ser condenado, constituía una forma de aceptación de la realidad como ley natural. Estos hechos conformaban una parte de un todo, que se mantenía en armonía. Alexander Pope resumió esta visión e ideología en la frase “Mal parcial, bien universal”.

Las guerras, las luchas, formaban parte de esta naturaleza y eran un mecanismo providencial donde cualquier masacre podría contribuir a un bien general, que probaba entonces la benevolencia de la providencia divina. La lucha por la existencia era parte de ese equilibrio y razón universal. Era parte de un orden social.

La ley de población de Malthus surge, en este contexto, como una ley de la naturaleza y por lo tanto en complacencia con el orden social. La eliminación de ciertos individuos era parte de las reglas de la naturaleza necesarias para la elevación de la humanidad toda. Malthus –pastor anglicano- señala que las leyes de la población son diseño de la Providencia (Dios) para limitar el desarrollo de la población y sus consecuencias negativas. Las aplicaciones políticas son obvias: la ayuda a los pobres o explotados es contra la naturaleza, siendo la libre competencia,

aunque dolorosa en un presente, necesaria para el futuro de la sociedad. Darwin mencionó claramente, que estas leyes malthusianas (hipótesis para ser exactos, las cuales nunca pudieron ser probadas) son las que fundamentan la idea de selección natural desarrollada en su libro. Este concepto –vago, confuso, maleable, como todo lo que rodea al darwinismo a pesar de erigirse como científico- es lo único nuevo que aporta Darwin. Y fue suficiente para ser aceptado, pese a su clara inutilidad científica, como un concepto revolucionario y elevar la figura de Darwin a la de un genio. El libro de Darwin no habla de evolución ni del origen de las especies, pero si deja bien claro que existen –como lo indica en su titulo “On the Origin of Species By Means of Natural Selection, or, the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life”- razas favorecidas (más aptas, superiores) en la lucha por la existencia (natural, providencial). Sus ideas racistas y eugenistas fueron luego desarrolladas en forma más contundente en su obra “El origen del Hombre”.

El velo cientificista que proveyó Darwin a la “economía de la naturaleza”, no necesitó que sea demasiado riguroso, eso es evidente. La selección natural no es más que una tautología y su valor científico y el de toda la obra fue severamente cuestionado. La historia, sin embargo, fue escrita por el sistema de libre mercado, esa nueva providencia que mantenía, sin embargo, los mismos principios que la antigua. La explotación, la existencia de opresores y oprimidos, es una ley natural, es una ley del libre mercado, es una ley de la “libertad”.

Quienes asumen la defensa del sistema de desigualdad capitalista y quienes asumen la defensa del acientífico darwinismo como dogma incuestionable, suelen ser los mismos porque ambas posturas tienen el mismo fondo ideológico. Max Weber (1864-1920), filósofo alemán, entiende al espíritu del capitalismo como una forma de redención, fariseísmo (self-righteousness), el éxito material como señal de gracia divina mientras que el “no apto” es eyectado por la predestinación. La predestinación del mercado, de acuerdo a las condiciones materiales que le rodean desde su nacimiento, podemos agregar. A ello Weber lo llama, precisamente, Darwinismo Social.
(continuará)

1.HABERMAS, Jürgen. «Technik und Wissenschaft als Ideologie». Suhrkamp. Frankfurt a. M. 1969.
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About esalvucci

Microbiólogo, (Universidad Nacional de Rio Cuarto). Doctor en Bioquímica (Universidad Nacional de Tucumán) Becario ANPCYT-FONCYT, CONICET y Posdoctoral CONICET. En este espacio expongo parte de mi trabajo relacionadas a otros puntos de vista respecto al paradigma dominante darwinista. El darwinismo tiene sus orígenes en las teorías del libre mercado y constituye una proyección de las mismas a la naturaleza. Su base "científica" es la seleccion natural -una tautología- y la fe en la misma sumada la genetica de poblaciones pretende explicar los complejos procesos que constituyen la evolución, la generación de nuevas estructuras y la aparicion de nuevas especies. Nada de esto puede explicarse con una tautología y una ideología económica. El darwinismo es un conjunto de interpretaciones antropocentricas, metáforas y fantasmas semánticos que no explican el proceso evolutivo ni permiten comprender certeramente los descubrimientos. Es una forma de inmovilismo científico. Es necesario un nuevo paradigma evolutivo. Un nuevo marco teórico verdaderamente científico que tenga en cuenta el trabajo de todos los naturalistas relegados de la historia y que se base en los datos y observaciones actuales.

Posted on November 26, 2012, in Darwinismo, Evolución, Lamarck. Bookmark the permalink. 1 Comment.

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