Darwin, el gran charlatán


Muchas personas alrededor del mundo prefieren creer en dioses. La humanidad ha creado dioses, y ciertos hombres han hecho creer a los demas, que podian interpretar esos dioses y estaban enterados de sus opiniones y deseos. Desde niños se los adoctrina para no pensar de otra manera. Se impregna la mente de dogmas que se conviertes en ideas casi innatas. Se les anula el razonamiento y ante las evidencias del mundo eligen el autoengaño. Deben seguir creyendo.

El darwinismo, se concibió a partir del libro “sagrado” de Darwin. Un compendio de observaciones ajenas y el trabajo de los granjeros seleccionando animales domésticos, sumado a las teorias economicas y los prejuicios victorianos. Sazonado todo con las teorias de Lamarck y otros. Hasta hoy en dia, los niños son adoctrinados para no ver otra cosa que las ideas mezquinas, simplistas y erroneas del viejo charlatán Darwin. Y la universidad completa a biólogos sin capacidad de pensar fuera del dogma. No todos, afortunadamente, Como no todos los niños adoctrinados en dogmas, son adultos irracionales.

“Una de las lecciones más tristes de la historia es que, si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente se hace demasiado difícil reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caido en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatan sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar.” Carl Sagan.

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La crítica de Morgan


Ocasionalmente uno oye la sentencia que dice que hemos llegado a darnos cuenta de que no sabemos nada acerca de la evolución. Este punto de vista es la reacción saludable a la creencia sobre-confiada de que conocemos todo acerca de la evolución

Mi buen amigo, el paleontólogo esta en un peligro mayor de lo que piensa, cuando abandona las descripciones e intenta la explicación. Él no tiene manera de comprobar sus especulaciones y es notable que la mente humana sin control tiene la mala costumbre de divagar.

El genético dice al paleontólogo, ya que usted no sabe y por la naturaleza de su caso, nunca sabrá, si sus diferencias son debidas a un cambio o a mil, usted no puede decirnos ciertamente acerca de las unidades de la herencia que han hecho posible la evolución.
Y sin este conocimiento no pueden entenderse las causas de la evolución.

Hoy se acepta generalmente la creencia de que la evolución ocurre por medio de procesos naturales. No parece probable que se vuelva a revivir la disputa entre evolución y creación.

Debemos encontrar qué causas producen la variación en animales y en plantas. También debemos encontrar qué variaciones se heredan y cómo. Si la evidencia circunstancial de la evolución orgánica, procedente de la anatomia comparada, la embriología y la paleontología es coherente, entonces debemos ser capaces de observar la evolución en el presente, por ejemplo, seremos capaces de ver la ocurrencia de variaciones y su transmisión. Esto lo ha hecho el genético mediante el estudio de las mutaciones y de la herencia mendeliana, como las lecciones que siguen mostrarán.

Los resultados mostraran más allá de toda duda que los caracteres de los tipos silvestres se heredan de la misma manera que los de los mutantes, algo que no suele ser apreciado más que por los estudiantes de Genética aunque es del máximo significado para la teoría de la evolución.

La evolución desde este punto de vista ha consistido principalmente en introducir factores nuevos que influyen en los caracteres presentes en animales y plantas.
Esta visión nos da un cuadro diferente del proceso de evolución de la vieja idea de una lucha feroz entre indivíduos de una especie con la supervivencia de los más aptos y la aniquilación de los menos adaptados. La evolución toma un aspecto más pacífico.

La teoría de Darwin de la Selección Natural todavía ocupa el primer lugar en cada discusión de la evolución, y por esta misma razón la teoría necesita el análisis cuidadoso; no es difícil demostrar que la expresión “Selección Natural” es una metáfora que encierra muchos significados diferentes para hombres diversos.

Darwin mismo tenía extraordinario cuidado, sin embargo, en las declaraciones que hizo en esta conexión y es más bien por implicación que por referencia real que uno puede atribuir significado a sus opiniones. Sus contemporáneos y muchos de sus seguidores, sin embargo, parecen haber aceptado esta interpretación “deslizante” como la doctrina cardinal de la evolución. Si se duda esto o mi declaración entonces se cuestiona, entonces uno debe explicar por qué la teoría de la mutación de de Vries se encontró con tan poco entusiasmo entre zoologos y botánicos; y uno debe explicar por qué el trabajo espléndido de Johannsen encontró tal oposición de la escuela inglesa los biometricos que entre la escuela post-darvinista se asumen para ser los descendientes lineales de Darwin.

Thomas Hunt Morgan (1866-1945; Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1933). “A Critique of the Theory of Evolution”, 1916.

Tomado del blog de Emilio Cervantes.

El mito creacionista y el mito darwinista


El darwinismo se ha creado basado en la propuesta evolutiva de Darwin, que tiene como piedra angular al tautológico concepto de la selección natural. El concepto inicial de selección natural, definido desde Empedocles en el siglo V a.c. hasta Wallace en 1858, quien publico un artículo relacionado a la evolución de las especies anterior al libro de Darwin, era ya muy conocido y utilizado. La teología natural (Por ej. en la obra del  Reverendo William Paley) lo utilizaba como un concepto que servía para explicar las extinciones de algunas especies creadas por un ser creador. Pero se ha creado el mito de que Darwin tuvo la genialidad de aportar este concepto como explicación de la transformación de las especies. Reconocido por propios y ajenos, el libro de Darwin no habla del origen de las especies pero brindó una supuesta explicación científica a la idea de la existencia de razas superiores. Sin embargo, la selección natural no existe ni como mecanismo ni como  proceso, no es un mecanismo identificable ni cuantificable, solo es una estratagema semántica basada en una multiplicidad de acepciones, ninguna útil científicamente (puntos que estan bien justificados en el blog Biologia y pensamiento).

Para darle poder al mito, el darwinismo se ha inventado un enemigo a su nivel. El darwinismo creo al creacionismo. Incapaz de enfrentar una discusión científica y la realidad de que se trata de una gran falacia, el darwinismo y sus ideas acientíficas evitan la discusión científica imponiendo un cerrado dogma y discutiendo con la religión. Para ello  se relata que los creacionistas “pre-darwinistas” son aquellos naturalistas que influidos por las ideas religiosas de la época defendían el fijismo, es decir, que las especies habían sido creadas por un Creador y habían permanecido inmutables a lo largo de la historia de la tierra. Sobra decir que la ciencia biológica y evolutiva, si fuesen realmente científicas, no debería ocuparse de los mitos – sean estos aztecas, hindúes, cristianos, etc. – de la creación del mundo  y las especies. Mucho más terrible es que en nombre de la ciencia se eleve a nivel de teoría o de ciencia las más evidentes delirios, especulaciones y relatos ficticios para explicar el evidente e irrefutable proceso evolutivo. Por ello, actualmente, se sigue alimentando el relato del  “enemigo” creacionista. Porque esto es útil al statu quo y al inmovilismo de la biología evolutiva anclada en pseudo explicaciones medievales. Enemigo de la ciencia y de la biología, el evolucionismo darwinista impone que es imposible cuestionar el dogma. Mientras hablan de la “evolucion” de la ciencia evitan enfrentar la realidad de su incapacidad explicativa.

Mientras tanto, los darwinistas hablan por doquier de la selección natural definiéndola como mecanismo, proceso, teoría, ley, resultado, causa y consecuencia de la evolución, lo que denota su maleabilidad semántica y su inexistencia real, se la eleva como una explicación genial (y “científica”) frases como estas:

La selección natural busca diariamente, a cada instante, y en todo el mundo, las variaciones, mas ligeras, repele las que son nocivas, conserva y acumula las que son útiles, trabaja en silencio, insensiblemente por todas partes siempre, para mejorar todos los seres organizados relativamente a sus condiciones de existencia orgánicas e inorgánicas.  (Ch. Darwin, “El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”, 1859)

Esta mezcla de los conceptos de Empedocles y del relato bíblico que bien conocía Darwin – estudiante de Teología- domina la ciencia actual. En pleno siglo XXI, aunque los darwinistas, insistan hipócritamente en la flexibilidad de la ciencia y en la incorporación de los nuevos descubrimientos, nada sirve si se exige que la naturaleza y los hechos se enmarque en un relato mitico de la creación de las especies basada en la acientífica selección natural.

Solo han cambiado la palabra “dios” por “selección natural”. La selección natural ubicua y omnipotente, sin sustento científico que de una información certera, anda sobre la superficie terrestre. Al relato mítico darwinista, solo le falta decir que este fantasma ambulante seleccionador cada siete días descansa.

El ninguneado Trémaux


Mis apuntes sobre los ocultamientos, mentiras, tergiversaciones, contradicciones, hipotesis incomprobadas, razonamientos circulares, etc. que construyen el relato darwiniano ya conforman una buena pila de pruebas. Entre ellas, quero hoy rescatar la historia de este naturalista que ha sufrido tambien la proscripción de parte de los jerarcas de la doctrina dominante.

Pierre Trémaux (20 de julio de 1818 – 12 de marzo de 1895), fue un naturalista francés (y además arquitecto y fotógrafo)cuyo libro: Origine et transformations de l’homme et des autres êtres (1865), presentó una teoria evolutiva basada en el aislamiento edáfico. Esta teoria es similar a la del equilibrio puntuado presentada en 1971, por Stephen Jay Gould y Nildes Eldredge. Su figura ha sido soslayada e ignorada en la historia oficial darwinista, pero tanto Darwin como Gould, plagiaron su trabajo.

Aunque su nombre se ha hecho prácticamente desaparecer de la historia de las ciencias biológicas, Pierre Trémaux ha dejado un legado inclaudicable en su obra  “Origin et transformations de l’homme et des autres étres” (Paris,1865), la cual se puede encontrar en internet [1]. Fechado  un año antes de la tercera edición del “Origen” de  Darwin (1866), Trémaux propone que el suelo y por extensión el hábitat, es el “elemento” fundamental que condiciona la evolución de las especies. Las diferencias en el suelo se traducirían a los seres que habiten el lugar y condicionaría la cadena trófica llevando a un aislamiento, por las características propias de los organismos ocasionando especiación. El mecanismo de origen de las especies seria consecuencia, entonces, de un aislamiento edáfico.

Esta proposición, que a Darwin no se le paso por la cabeza, influye finalmente en su tercera edición del “Origen de las especies”.  Para Trémaux, el resultado del cruce de los individuos fértiles entre sí de diferentes características, dará una progenie que será diferente e intermedia. Esto le plantea un problema, como lo planteó también Darwin: ¿cómo evolucionan nuevas características? En algún momento, dice Trémaux, los organismos también diferentes serán infértiles, y esto explicaría cómo una población distinta puede llegar a ser diferentes de la población de los padres. [2]

Tremáux define una especie como todos los organismos y el grupo de sus descendientes intermedios que son capaces de procrear juntos (P136). Y entonces, él se imagina un escenario para la especiaciación. Un grupo subespecífico de diversos organismos se encuentran en un hábitat (que él llama aquí una “capa geológica”), ya sea porque han emigrado a ella o porque se ha formado recientemente, que se caracterizan por interfertilidad (ex hypothesi) mantenida por el mestizaje (cruce). Este grupo es aislado por una barrera natural, esto evitará que el cruzamiento de la colonia local con las especies parentales. Con el paso del tiempo, se adaptará a las nuevas condiciones, formando un equilibrio, pero manteniendo su cohesión como una especie local. Los entrecruzamientos como resultado de los “efectos” de la modificación del hábitat, favorecen la nueva “variedad “, es decir, la forma más apta localmente, con tendencia a convertirse en una especie distinta tal que, si se pusiese de nuevo en  contacto con la población parental, los entrecruzamientos serían estériles. Por lo tanto, la nueva forma ahora será una nueva especie. Y las adaptaciones locales
permanecerán constantes por el cruzamiento, incluso si emigran a un nuevo medio ambiente.

En resumen, la adaptación local sólo puede ocurrir de forma aislada del resto de la población, siempre y cuando las poblaciones contiguas no contrarresten cualquier ulterior transformación. Trémaux también postula que una nueva especie se puede formar por la “degeneración” en condiciones desfavorables, pero asegura que es probable que se extingan.

Gould y Eldredge son conocidos por su teoría del equilibrio puntuado, publicada en 1971. Esta teoría trata precisamente de los mismos postulados de Trémaux. Sin embargo, el naturalista francés volvió a ser soslayado y con él, su teoría evolutiva. Resulta más difícil de creer este nuevo olvido. De hecho en este nuevo ninguneo versión siglo XX, los científicos implicados admiten reconocer la obra de Trémaux.

El ocultamiento de Trémaux y la mi(s)tificación de Darwin.

 Podemos afirmar que uno puede saber de la existencia de Trémaux a través de Marx. Porque además de haber  generado una filosofía de transformación de la realidad, de la liberación de los oprimidos, rompiendo con el sistema que sustentó y sostiene la teoría darwiniana,  a traves de sus cartas nos lleva a conocer al ninguneado creador de una interesante teoría evolutiva, probablemente plagiado por el mismo Darwin y jamás citado por la historia oficial.

A pesar de que Trémaux habla en su libro de Dios como Creador de la “Naturaleza”, como “motor” de la evolución (o mejor dicho de la transformación de unos seres vivos en otros), Marx quizá alcanzó a comprender el valor de la obra, más allá de los dogmatismos.

Como nos advierte , en su Tesis el Dr. Emeterio Iglesias-Jimenez, en su blog la soledad del excéntrico,  Darwin conoció el libro de Trémaux, recurrió a él, muchas veces y sin embargo nunca lo cito. Cuando se quiere remarcar que la idea de Gould y Eldedge no es original se suele recurrir que el párrafo añadido en la tercera edición del libro de Darwin es el origen de la teoría. Darwin añadió las palabras en cursiva a su resumen de los argumentos de los capítulos sobre la geología (capítulos IX y X, pp409f):

“… Aunque cada especie debe haber pasado por numerosas etapas de transición, es probable que los períodos durante los cuales cada uno se sometió a modificación, aunque muchos y largos, si se miden por años han sido cortos en comparación con los períodos durante los cuales cada uno se mantuvo en un condición sin cambios. Estas causas, tomadas conjuntamente, explican en gran medida por qué a pesar de que no encuentran numerosos vínculos existentes entre las especies del grupo, tampoco se encuentran variedades interminables, la conexión junto a todas las formas extintas y existentes, son los mejores pasos graduados.” (Darwin, 1866: 409f).

Esto fue copiado del libro de Trémaux, sin citarlo, lo que deja claro el conocimiento que tenia Darwin de la obra pionera de Tremaux. Se sabe que la biblioteca de Darwin en su cómoda residencia contaba con dos ejemplares de l’Origine.

Resulta aún mas curioso, para decirlo suavemente, que mientras Gould afirma conocer el libro de Trémaux, en el cual se desarrolla la teoría del equilibrio (y por ende, como sugiere Iglesias, deberíamos  llamarlo equilibrio de Trémaux) a su vez afirma que nunca ha leído una teoría mas absurda y pobremente documentada. Precisamente Stephren Jay Gould, quien utilizó hasta la misma palabra de Trémaux, equilibrio, para describir una teoría que se auto adjudica. Gould, quien no reconoce que Darwin tomo prestado la teoría de Tremaux, sin citarlo,  para intentar explicar lo que nunca explicó en su libro: cuál es el origen de las especies. Gould, quien toma entonces la especiación alopátrica y el equilibrio de Trémaux, escrito hace 105 años antes que su copia, afirma que su fuente está poco documentada.  Y por si fuese poco, realza la figura de Darwin, quien construyó un libro basado en las prácticas de granjeros, las palomas domésticas, observaciones poco precisas y no documentadas de otros naturalistas, las hipótesis de Lamarck (de 1809), los elementos y las recolecciones llevadas a cabo por asalariados y la influencia, clara, notable, de un conocido y, evidentemente mas inteligente, Charles Lyell. Esta y otras cuestiones y preguntas interesantes nos plantea Iglesias en el blog citado arriba.

Al menos, Trémaux tuvo un reconocimiento. Mientras la Real Academia de Ciencias de Francia elegía a Charles Darwin como miembro extranjero ad honorem en 1878, la Academia Imperial de Ciencias de Rusia lo elegía a Trémaux como miembro en 1877.


[2] Wilkins destaca que para Buffon, una “especie” era mucho más parecido a un género Linneano o una familia
Adansoniana. Él creía que las especies taxonómicas, como podríamos llamarlos, eran variantes geográficas locales,  y que por reproducción con los padres el primer stock podría ser regenerado. Buffon sostuvo que las variantes locales se debian a efecto de la acción del clima y el suelo (sol), o, en términos modernos, el hábitat. Tambien Linneo había examinado el efecto de “la tierra, de la localidad, el clima” en su
Plantae hybridae (1751, 35, citado en Müller-Wille y Orel 2007: 179) sobre las variedades y si deben ser consideradas como especies buenas o no.

Fuentes:
Wilkins John S., Nelson Gareth J. 2008. Trémaux on species: A theory of allopatric speciation (and punctuated equilibrium) before Wagner. http://philsci-archive.pitt.edu/3806/1/Tremaux-on-species.pdf

Iglesias-Jimenez, E. 2008. Pierre Trémaux allopatric speciation punctuated equilibrium Nash’s equilibrium

http://yoevoluciono.com/2008/07/28/la-ciencia-tiene-una-deuda-que-saldar-con-pierre-tremaux/

Darwin, Wallace y el Laissez faire


Es conocido que el darwinismo debe su éxito a ser una proyección del libre mercado a la naturaleza. Más de cien años de estudios evolutivos fueron soslayados para erigir como genio a un subgraduado en teología que desconocía los avanzados trabajos en evolución. Darwin, aristócrata victoriano les dio un justificativo biológico de la existencia de razas superiores a la conservadora sociedad victoriana.

El concepto nada original de selección natural – conocido desde Aristóteles y Empedocles, y acuñado en los trabajos de Wells, Blyth, Mathew, y otros – es una tautología que no tiene ningún valor científico.  Wallace, reconocido como codescubridor de la selección natural, tenía pensamientos muy diferentes en cuanto a política y economía.

El trabajo de Darwin, copiando lo ya conocido en evolucion – de Lamarck, Tremaux, Lyell, Buffon, Saint Hilaire, etc. etc. – y sumando la selección natural ya conocida, no aporta ningun adelanto cientifico y debe su éxito al capitalismo y al libre mercado que lo impusieron como teoría única e intocable.

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Emiliano Salvucci

Darwinismo y status quo



Darwin fue el primer crítico de su obra al expresar “admito que en ediciones anteriores (…) atribuí demasiado a la acción de la selección natural o a la supervivencia de los más aptos” (Darwin, 1859). Lamentablemente, en lugar de compartir esta posición crítica, los continuadores del darwinismo, movilizados por concepciones culturales, centralistas, y hasta imperialistas, se aferraron a los conceptos de competencia, destrucción, selección natural, distanciándose de la realidad que se presentaba en las crecientes observaciones que iban a contrapelo del paradigma cada vez más divinizado. Quizá sin querer, Darwin condenó la biología a vivir secuestrada por el Mercado y, además, estableció los fundamentos “naturales”, y falsos, de que existen razas superiores. Una continuación nefasta de esas ideas fue la impulsada por el primo de Charles Darwin, Sir Francis Galton, quien fue el principal propulsor de la eugenesia. Convencido de que las sociedades protegían a los “más débiles” y esto  contradecía la selección natural ya que esta fuerza omnipotente seleccionadora se encargaría naturalmente de extinguirlos, era necesario “ayudar” a este proceso y mejorar las cualidades innatas de la raza y dar “aunque sea en remoto grado a las razas o variedades más aptas una mejor oportunidad de prevalecer más rápidamente sobre los menos aptos de lo que de otra forma habría hecho” (Francis Galton, 1883). Tal es la filosofía eugenésica y en la que se basaron las políticas de ciertos países como Estados Unidos, que llevaron a cabo programas eugenésicos a gran escala que incluían restricciones de matrimonios, reducción de la inmigración, y esterilizaciones forzadas a personas declaradas deficientes mentales por el estado (fueron realizadas 64000 esterilizaciones forzadas solo en Estados Unidos para 1945). La concepción de la existencia de razas superiores y las prácticas purificadoras de esas razas, eliminando los componentes “inadecuados” de la sociedad fue llevada a la atrocidad más extrema en la Alemania nazi. Los padres de la genética de poblaciones (Daventport, Fisher, Pearson), que es la supuesta base empírica del darwinismo, eran eugenistas.

 

La concepción darwinista se ha convertido en religión y cosmovisión del status quo. La “explicación científica” ha sido utilizada por el mercado para justificar la explotación de los países “periféricos” o subdesarrollados” a causa del desarrollo ajeno y a establecer como justificación natural el maltrato de las personas como una mercancía más en el mundo capitalista. Se multiplican frases ligadas al darwinismo en periódicos, en las bocas de hombres de negocios, en las empresas multinacionales, en libros de ética de los negocios, entendiendo al libre mercado como un reflejo de lo que ocurre naturalmente, cuando en realidad la teoría darwinista le debe al libre mercado su origen y su éxito. Quizá tan solo un ejemplo de esto es el libro negocios de Greoffrey Moore denominado “Tratando con Darwin” (Moore, 2005). Supongo que en términos mercantilistas, el darwinismo fue la más extraordinaria estrategia de marketing del capitalismo.

Aquella hipótesis, conceptos y términos que fueron puramente especulativos se transformaron en conceptos incuestionables, que se soldaron al lenguaje científico para ser utilizado sistemáticamente para explicarlo todo. La terminología dominante, impuesta también por el propio idioma inglés que conlleva una ideología mercantilista e imperialista, utiliza términos y expresiones como la competencia entre proteínas y entre genes, la presión de selección, el fitness, el costo-beneficio, las estrategias, arsenal armamentístico, guerras, explotación, la eliminación del otro, el “problema “ del altruismo, y muchas expresiones más que pretenden explicar las relaciones entre los organismos y que denotan la continuación de una teoría que nada o poco tiene de científico y mucho de ideológico, siendo funcional a un status quo y un sistema de explotación global. El punto de vista distorsionado, y la “personificación” (se habla de egoísmo de genes)  de los componentes de la naturaleza son moneda corriente en la biología mercantilizada. La premisa actual es, aún con la carencia de un marco teórico científico que nos permita comprender los procesos biológicos, obtener rentabilidad de todo. Así, en las grandes revistas científicas además de sus artículos en donde impera el desorden reinante de la biología están las secciones dedicadas a las noticias del mercado.

Pero una de las tantas situaciones que merecer atención inmediata es que la relación mercado-biología genera situaciones como las orquestadas por las compañías de biotecnología y las farmacéuticas. Colocando siempre la rentabilidad, el mercado, por sobre los conocimientos científicos genuinos, las empresas se han lanzado a patentar genes, a realizar pruebas con xenotrasplantes, a la creación de transgénicos, a la generación de vacunas nuevas, manipulando cosas que no se comprenden debido al sustento teórico falso. Prácticas tales podrían ser la responsable de la aparición del  virus del sida, y el extraño y sospechoso virus H1N1, con el que con la complicidad de los medios masivos, las empresas farmacéuticas (en muchos casos los principales accionistas son funcionarios o gente allegada al poder) han hecho millones con su vacuna o con los antivirales.

Un ejemplo de las consecuencias que este enfoque economicista genera, nos es advertido por Sandín en su último artículo “Virus y Locura (Científica)” donde cuestiona el actual postulado de desarrollar antivirales contra la esquizofrenia publicado recientemente en la revista Schizophrenia research (Schretlen, 2010). El desarrollo de terapias antivirales (una nueva batalla contra la naturaleza) puede causar alteraciones en las actividades de virus endógenos de consecuencias insospechadas dado que las secuencias virales en nuestro genoma participan de innumerables procesos reguladores y naturales de nuestro organismo (Sandín, 2010).

Dedicar el trabajo científico al desarrollo de una base teórica que permita conocer, investigar e interpretar los procesos naturales, reconociendo el origen doctrinario e interesado del paradigma dominante y sus falacias enormes para ser el sustento teórico de las investigaciones científicas, es una labor a la que no podemos ser ajenos. La perspectiva economicista de la naturaleza puede traer más problemas que soluciones. Es momento de comenzar el rescate.

Bibliografía:

ABDALLA, Maurício (2006): “La crisis latente del darwinismo”. Asclepio, LVIII-1. CSIC Madrid.

AGUDELO MURGUÍA, Guillermo (2006): “¿Es el darwinismo una religión?”. Página del Instituto de Investigación sobre Evolución Humana. http://www.iieh.com/index.php/evolucion/87-ies-el-darwinismo-una-religion.

BARTON, Ruth (1998): “ ‘Huxley, Lubbock, and Half a Dozen Others’: Professionals and Gentlemen in the Formation of the X Club, 1851–1864”. Isis, Vol. 89, nº 3, pp.410–444.

BUCHANAN AV, SHOLTIS S, RICHTSMEIER J, WEISS KM (2009): “What are genes `for´ or where are traits `from´? What is the question?” Bioessays; Vol. 31, nº 2, pp. 198–208.

DARWIN, Charles (1859): El origen de las especies (Del origen de las especies por medio de la Selección Natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida). Buenos Aires, Ediciones Libertador, Centro Editor de Cultura, 2003.

GALTON, Francis (1883): Inquiries into Human Faculty and its Development. Londres, Macmillan.

LAMARCK, J.B. de M. (1809): Filosofía Zoológica. (Traducción al español). España, Editorial Alta Fulla, 1986.

MOORE, Geoffrey (2005): Dealing with Darwin: How Great Companies Innovate at Every Phase of Their Evolution.

SANDÍN, Máximo (1997): “Teoría sintética: Crisis y revolución”. Arbor, nº 623-624. Tomo CLVIII. CSIC. Madrid.

SANDÍN, Máximo (2000): “Sobre una redundancia: El darwinismo social”. Asclepio Vol. LII, nº 2, pp. . CSIC Madrid.

SANDÍN, Máximo (2002): “Una nueva biología para una nueva sociedad”. Política y Sociedad, Vol 39, nº 3, pp. 537-573.

SANDÍN, Máximo (2010): “Virus y Locura (Científica)”. Página personal de Máximo Sandín: http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/.

SCHRETLEN DJ, VANNORSDALL TD, WINICKI JM, MUSHTAQ Y, HIKIDA T, SAWA A, YOLKEN RH, DICKERSON FB, CASCELLA NG (2010): “Neuroanatomic and cognitive abnormalities related to herpes simplex virus type 1 in schizophrenia”. Schizophrenia Research

El secuestro


Esta entrada forma parte de un articulo publicado en Revista Ciencia Tecnología y Sociedad.

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El darwinismo se gestó a partir de los conceptos y la visión (capitalista, neoliberal) malthusiana de que las enfermedades y la escasez de alimento actúan como reguladores de la población favoreciendo a los mas aptos en una continua lucha por la vida. Darwin escribió su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia (1859) basado en la teoría de Malthus, y en las expresiones de Herbert Spencer: “como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente, una lucha por la existencia (…) Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a la Naturaleza” (Darwin, 1859). Y en otra parte, escribe: “he llamado a este principio por el cual se conserva toda variación pequeña, cuando es útil, selección natural para marcar su facultad con la selección del hombre. Pero la expresión usada por Herbert Spencer de que sobreviven los más idóneos es más exacta”. Sumó a esto, unas cuantas observaciones realizadas por ciertos investigadores y observadores, y su experiencia en con animales domésticos y plantas cultivadas. Como afirma Sandín: “la idea expresada con más convicción en la obra de Darwin es la extrapolación de las actividades de ganaderos y agricultores a los fenómenos de la naturaleza”. El mismo autor advierte “en la actualidad, el fenómeno se ha acentuado de modo paralelo al afianzamiento del modelo económico basado en la libre competencia y en el azar como director, hasta el punto de que no sólo afecta al marco teórico de la investigación biológica, sino a los objetivos y al uso que se da a los resultados” (Sandín, 1997).

 

En plena revolución industrial, Darwin observaba el crecimiento de la miseria y la pobreza, y estuvo influido y ligado a las políticas de laissez faire, propulsadas por Adam Smith, que proponían la menor intervención estatal (se postulaba hasta dejar de crear escuelas) a fin de que “naturalmente” se elimine a los desposeídos mediante una libre competencia.  La mano invisible del mercado se recreó en la Biología, a partir de Darwin, como la mano invisible de la acientífica selección natural. Con ella se pretendió y se pretende explicar el complejo proceso evolutivo. La economía secuestró de esta manera a la biología. Es debido a esta justificación de la explotación, base de la economía inglesa por aquellos años, la principal fuerza propulsora del darwinismo hasta su estado actual de dogma intocable. De hecho, la política expansionista e imperialista inglesa fue lo que llevó a que barcos como el Beagle, en el que viajó Darwin, inspeccionasen la naturaleza de Sudamérica.

Digámoslo claramente: El libro de Darwin fue un record de ventas (1250 ejemplares en su primera edición) debido a la segunda parte del título (la que generalmente se omite) en el cual la sociedad victoriana de la época encontró una infame explicación biológica a la explotación del hombre por el hombre y la existencia de seres “más aptos” o superiores. El concepto de raza superior era ahora justificado como “ley natural”. Pese a que los dogmáticos darwinistas nos relatan que Darwin encontró rechazo entre la jerarquía eclesiástica, y actualmente se sigue alimentando el falso debate darwinismo-creacionismo, Darwin fue apoyado por el X-club, una agrupación de la época integrada entre otros por Joseph Dalton Hooker, Thomas Henry Huxley, John Lubbock y Herbert Spencer que propulsaban las ideas darwinistas y contaban con un poder notable al controlar la Royal Society (Burton, 1998).

Tras el secuestro, las consecuencias han sido desastrosas para la biología, alejándose del desarrollo de la ciencia como la practicaban los antiguos naturalistas. Entre ellos Jean Baptiste-Pierre Antoine de Monet, chevallier de Lamarck, el creador del término Biología y el primero en formular una teoría acabada de la Evolución en su libro publicado en 1809, Philophie Zoologique. El hecho de que se soslayó el trabajo anterior a Darwin, en el cual la evolución ya era objeto de estudio, y hasta se despreció de manera tan abyecta la tarea de los naturalistas como es el caso de Lamarck, a quien se lo despacha livianamente con el ejemplo de las jirafas, nos habla que el relato oficial esconde algo más que una ingratitud hacia esos científicos. En muchos casos, el ninguneo va acompañado con la ferocidad innecesaria y la descalificación más grosera. ¿Por qué entonces, se nos mintió tanto tiempo? ¿Por qué se inventó a un genio en Darwin y hasta se lo conoce como el “inventor” de la evolución? Podemos entrever parte de la respuesta en los intereses que gestaron y formaron (o deformaron en) la Teoría Sintética de la Evolución, cargada de ideología y sostenida actualmente por intereses bastante alejados de la intención pura y honesta de explicar e investigar los fenómenos de la naturaleza.