El secuestro


Esta entrada forma parte de un articulo publicado en Revista Ciencia Tecnología y Sociedad.

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El darwinismo se gestó a partir de los conceptos y la visión (capitalista, neoliberal) malthusiana de que las enfermedades y la escasez de alimento actúan como reguladores de la población favoreciendo a los mas aptos en una continua lucha por la vida. Darwin escribió su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia (1859) basado en la teoría de Malthus, y en las expresiones de Herbert Spencer: “como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente, una lucha por la existencia (…) Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a la Naturaleza” (Darwin, 1859). Y en otra parte, escribe: “he llamado a este principio por el cual se conserva toda variación pequeña, cuando es útil, selección natural para marcar su facultad con la selección del hombre. Pero la expresión usada por Herbert Spencer de que sobreviven los más idóneos es más exacta”. Sumó a esto, unas cuantas observaciones realizadas por ciertos investigadores y observadores, y su experiencia en con animales domésticos y plantas cultivadas. Como afirma Sandín: “la idea expresada con más convicción en la obra de Darwin es la extrapolación de las actividades de ganaderos y agricultores a los fenómenos de la naturaleza”. El mismo autor advierte “en la actualidad, el fenómeno se ha acentuado de modo paralelo al afianzamiento del modelo económico basado en la libre competencia y en el azar como director, hasta el punto de que no sólo afecta al marco teórico de la investigación biológica, sino a los objetivos y al uso que se da a los resultados” (Sandín, 1997).

 

En plena revolución industrial, Darwin observaba el crecimiento de la miseria y la pobreza, y estuvo influido y ligado a las políticas de laissez faire, propulsadas por Adam Smith, que proponían la menor intervención estatal (se postulaba hasta dejar de crear escuelas) a fin de que “naturalmente” se elimine a los desposeídos mediante una libre competencia.  La mano invisible del mercado se recreó en la Biología, a partir de Darwin, como la mano invisible de la acientífica selección natural. Con ella se pretendió y se pretende explicar el complejo proceso evolutivo. La economía secuestró de esta manera a la biología. Es debido a esta justificación de la explotación, base de la economía inglesa por aquellos años, la principal fuerza propulsora del darwinismo hasta su estado actual de dogma intocable. De hecho, la política expansionista e imperialista inglesa fue lo que llevó a que barcos como el Beagle, en el que viajó Darwin, inspeccionasen la naturaleza de Sudamérica.

Digámoslo claramente: El libro de Darwin fue un record de ventas (1250 ejemplares en su primera edición) debido a la segunda parte del título (la que generalmente se omite) en el cual la sociedad victoriana de la época encontró una infame explicación biológica a la explotación del hombre por el hombre y la existencia de seres “más aptos” o superiores. El concepto de raza superior era ahora justificado como “ley natural”. Pese a que los dogmáticos darwinistas nos relatan que Darwin encontró rechazo entre la jerarquía eclesiástica, y actualmente se sigue alimentando el falso debate darwinismo-creacionismo, Darwin fue apoyado por el X-club, una agrupación de la época integrada entre otros por Joseph Dalton Hooker, Thomas Henry Huxley, John Lubbock y Herbert Spencer que propulsaban las ideas darwinistas y contaban con un poder notable al controlar la Royal Society (Burton, 1998).

Tras el secuestro, las consecuencias han sido desastrosas para la biología, alejándose del desarrollo de la ciencia como la practicaban los antiguos naturalistas. Entre ellos Jean Baptiste-Pierre Antoine de Monet, chevallier de Lamarck, el creador del término Biología y el primero en formular una teoría acabada de la Evolución en su libro publicado en 1809, Philophie Zoologique. El hecho de que se soslayó el trabajo anterior a Darwin, en el cual la evolución ya era objeto de estudio, y hasta se despreció de manera tan abyecta la tarea de los naturalistas como es el caso de Lamarck, a quien se lo despacha livianamente con el ejemplo de las jirafas, nos habla que el relato oficial esconde algo más que una ingratitud hacia esos científicos. En muchos casos, el ninguneo va acompañado con la ferocidad innecesaria y la descalificación más grosera. ¿Por qué entonces, se nos mintió tanto tiempo? ¿Por qué se inventó a un genio en Darwin y hasta se lo conoce como el “inventor” de la evolución? Podemos entrever parte de la respuesta en los intereses que gestaron y formaron (o deformaron en) la Teoría Sintética de la Evolución, cargada de ideología y sostenida actualmente por intereses bastante alejados de la intención pura y honesta de explicar e investigar los fenómenos de la naturaleza.

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