Fin y medio. El concepto de autoorganización en Kant


“Un producto organizado de la naturaleza es aquél en que todo es fin, y, recíprocamente, también medio (…), nada acontece por azar”. (Crítica de la Facultad de Juzgar, 1790).

En su Crítica de la Facultad de Juzgar (CFJ)( Kant, 1790), Immanuel Kant llega a plantear sus concepciones acerca de lo orgánico. Kant primero da un paso crucial: introduce la causalidad por fines al lado de la causalidad mecánica. Considera insuficiente la perspectiva mecanicista para explicar el organismo, que es un objeto de la naturaleza, cuyas partes se relacionan entre ellas y producen un todo por su causalidad y, al mismo tiempo, el todo es causa final de la organización de las partes (“todo es recíprocamente fin y medio”). La sola existencia de los productos naturales parece requerir de una explicación teleológica. Necesariamente tenemos que introducir este otro principio, el de finalidad, cuya función reguladora es esencial para la explicación de la mera existencia de los seres vivos. Escribe: “una cosa existe como fin natural cuando es de suyo causa y efecto (si bien en un doble sentido); pues hay aquí una causalidad tal que no puede ser enlazada con el simple concepto de una naturaleza sin atribuirle un fin a ésta, pero que puede, entonces, y sin contradicción, ser pensada, mas no concebida.”(CFJ,302; citado en Moreno del Camto, 2009). Mas adelante explica: “Un ser orgánico, pues, no es mera máquina, que tiene exclusivamente fuerza motriz, sino que posee en sí fuerza formadora, y una que él comunica a materias que no la tienen (las organiza); posee pues, una fuerza formadora que se propaga, la cual no puede ser explicada por la sola facultad de movimiento (el mecanismo).”(CFJ, 305).

Hacia finales del siglo XVIII, Kant observa la incapacidad del mecanicismo para explicar y comprender a los organismos. Y además, deja en claro en tiempos previos a que Lamarck escriba su “Filosofía Zoológica”, y antes que la biología tome forma como ciencia, que la vida consiste en autoorganización. Para explicarla, Kant reestablece la teleología como ciencia explicativa útil.

En la teleología tenemos que reflexionar para poder encontrar el concepto adecuado a un objeto empírico, y, en este sentido es que se requieren nuestras facultades creativas. “La contribución de kant habría consistido en ofrecer no sólo el núcleo, a saber, el conjunto de supuestos fundamentales que sirven de base a los principios centrales de la concepción de la naturaleza de lo orgánico, sino también el proyecto de algunas directrices para conducir la investigación, especialmente “un rasgo central de todos los enfoques telo-mecanicistas, a saber, el concepto de morfotipo” o plan de organización.” (Moreno del Canto, 2009; Álvarez, 1998, 53 (.pdf)).

Lo que Kant observaba fue posteriormente (actualmente) complementado por varios científicos, que continuaron una “línea lamarckiana” de pensamiento critico y una crítica, en el sentido kantiano, de la naturaleza (crítica como conocimiento) y establecieron teorías holísticas, como Lynn Margulis (endosimbiosis), Maturana y Varela (autopoiesis y autoorganización) y Zilber-Rosenberg y Rosenberg (hologenoma).

Alvarez, J.R. (1998). Una débil esperanza: la idea kantiana de una ciencia
biológica. Revista Thémata, Núm. 20, págs. 49-66

Moreno del Canto, M. (2009). La contribución de Kant al pensamiento
biológico en la “Crítica de la facultad de juzgar”Rev. Medicina y Humanidades. Vol. I. N° 3. (Sept.-Dic.).

Kant, E. (1790). Crítica de la facultad de juzgar.

 

Emiliano Salvucci –

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Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución


La terminología darwinista ha llegado a contaminar toda la percepción de la naturaleza e, incluso, de las relaciones sociales. El darwinismo, como consagrada “teoría popular”, ha instalado la tranquilidad de que, aún teniendo escaso conocimiento del mundo que nos rodea, todo está explicado y, de esta manera, ha naturalizado una explicación simplificadora de los procesos extremadamente complejos que constituyen la vida. Alfred Hoyle, desconfiaba de estas teorías por dar explicaciones muy sencillas pero que son fáciles de “visualizar” y, sobre todo, que se ajustan a las concepciones culturales y sociales dominantes de la realidad, lo que da una sensación de que “todo está claro”, sin reconocer nuestro limitado conocimiento de los procesos biológicos fundamentales (Sandin, 2001).

Esa victoria de la que puede jactarse el darwinismo, surgida a partir de la imposición de una ideología, y partir de la extrapolación de las teorías maltusianas y neoliberales, se regó a toda la sociedad. Y la biología, tranquilizadoramente, reveló que aquellas reglas venían a ser un reflejo de lo que sucedía en la naturaleza. Se cerró un círculo. La sociedad se encerró en él y romper este círculo vicioso de total servilismo a una cosmovisión mercantilista es una tarea que requiere un esfuerzo, y lugares para decirlo, que ya es decir mucho. Esto no es sorprendente si se piensa que el capitalismo como sistema económico naturalizó la expoliación, la opresión del hombre por el hombre y la sociedad asimiló los mecanismos de este sistema, sus reglas adoptando una visión acrítica, en consonancia, con el adormecimiento político en que esta sumida. Y sin crítica se anula toda praxis transformadora, porque se necesita una visión crítica, que se logra con un distanciamiento adecuado del orden dado, para poder interpretar objetivamente.

La idea negativa que encierra el término salvaje en la naturaleza, es un ejemplo de esta situación, mostrándola como un escenario de lucha incansable, de exterminio, de eliminación del otro, termina de formar la concepción darwinista (reduccionista, simple, falaz) que es llevada a todos los ámbitos de la existencia, como condición natural de la sociedad.

En este escenario, los virus y las bacterias constituyen siempre una amenaza. Si bien el descubrimiento de las bacterias y los virus, se debió al carácter patógeno de algunos de ellos, la gran mayoría de las bacterias y virus no son patógenos, muy por el contrario, constituyen una porción fundamental de la biósfera, manteniendo el equilibrio entre las especies, y permitiendo nuestra existencia. Las asociaciones de bacterias y el resto de los organismos son interacciones fundamentales para la existencia de la vida en el planeta. Así lo demuestran numerosas evidencias.

Una de las evidencias de los procesos integrativos, lo constituye la simbiosis, estrechas asociaciones no solo entre organismos de una misma especie sino también, y de acuerdo a una tradicional y estricta definición de simbiosis, entre organismos de especies diferentes que se observan en la naturaleza. En estas observaciones se basa la teoría de la simbiogénesis. Fue desarrollada desde principios del siglo XX por distintos evolucionistas: Konstantín Merezhkovski en 1909 desde Rusia, E. Wallin en 1927 desde EE.UU. y Paul Portier desde Francia. En 1967 Lynn Margulis, microbióloga estadounidense de la Universidad de Massachusetts retoma esta teoría y describe el surgimiento de la célula eucariota a partir de la asociación endosimbiótica entre procariotas. Inicialmente refutada y resistida (el trabajo de Margulis fue rechazado en 14 ocasiones) es hoy una teoría que tiene  sustento científico para permitir que Lynn Margulis proponga que la simbiosis es el mecanismo que ha generado, al igual que las células eucariotas, la mayoria de las adquisiciones de caracteres de los organismos pluricelulares y por lo tanto también la diversidad de especies de la naturaleza (teoría de la simbiogénesis seriada). Esto es resistido aun por el darwinismo ortodoxo (valga la redundancia) que, siempre fiel al dogmatismo es capaz de crear las historias más ficticias, recurriendo a metáforas y fantasmas semánticos, para adecuar todos los descubrimientos y alternativas al rígido y poco fundamentado mecanismo de mutacion al azar más selección natural como motores evolutivos. Un ejemplo de esto lo constituye lo que escribe John Maynard Smith en “Ocho hitos de la evolucion”: “Lynn Margulis ha afirmado que la simbiosis es la principal fuente de novedad evolutiva y que la selección natural ha sido de menor importancia. Esto es inaceptable (sic). La simbiosis no es una alternativa a la selección natural, mas bien es al revés: necesitamos una explicación darwiniana de la simbiosis (sic)”.

Me permito un gran paréntesis porque esta frase final resume el carácter religioso del darwinismo. Una teoría basada en un fantasma semántico como lo es la selección natural, creada en las mentes mercantilistas y victorianas de Malthus, Spencer y Darwin, cuando no se conocía ni la existencia de bacterias y con el agregado “moderno” de la mutación aleatoria, no permite la reflexión, el camino lógico de razonar que una idea tan primitiva y simple esté equivocada ante la evidencia más reciente en la que la naturaleza se  muestra como un proceso continuo de asociación e integración. Las manifestaciones de integración pueden encontrarse en las asociaciones simbióticas, en la cantidad de ADN de origen viral en forma de intrones, secuencias repetidas, etc. encontradas en todos los tipos celulares y organismos con notables aspectos funcionales mediante cambios de localización y duplicaciones, produciendo cambios en la expresión y regulación génica; en la emanación de partículas virales en situaciones de “estrés” en distintos tejidos; en que transposones transmitidos por bacterias producen en animales y plantas cambios en células germinales. Y en una serie de hechos que podría explicar, por ejemplo, cómo en una situación de extremas condiciones puedan ocurrir cambios repentinos, bruscos, en las estructuras como la aparición simultánea en el cámbrico de  todos los grandes tipos de organización, todos los grandes Phyla actuales (se han identificado espongiarios, equinodermos, moluscos, poliquetos, onicóforos, artrópodos, e incluso cefalocordados, antecesores, por tanto, de los vertebrados) y es lo que deberá tratar la teoría de la evolución  y no “imaginarnos” a través de un relato de ciencia ficción que las mutaciones al azar, la transferencia horizontal, la simbiosis y otros tantos mecanismos son simples actitudes egoístas que a través de miles y miles de años se seleccionaron (¿por quién?) entre otras (¿Cuáles?¿Donde?) y elaborar, para ajustar la realidad al darwinismo, un sin fin de metáforas y cuentos chinos.

Ya en el año 1902, Krokoptin escribió el libro titulado El apoyo mutuo. Un factor de la evolución allí expresa: “reconocer la despiadada lucha interior por la existencia en los límites de cada especie, y considerar tal guerra como una condición de progreso, significaría aceptar algo que no sólo no ha sido demostrado aún, sino que de ningún modo es confirmado por la observación directa.” Por su parte Lynn Margulis en Captando genomas, escribe: “La vida en la Tierra no es de ninguna manera un juego en el cual algunos organismos ganan y otros pierden. Es lo que en el campo matemático de la teoría del juego se conoce como un juego «de suma no cero»”.

La historia del darwinismo, y tristemente la de la biología misma, está plagada de injusticias para con naturalistas que pensaron fuera de la jerarquía eclesiástica darwiniana. Así, es necesario decir que a las injustas descalificaciones de Lamarck, la proscripción de Trémaux y una larga lista de naturalistas olvidados, vamos a sumar a Merezhkovsky quien con 27 años cuando murió Darwin, fue el primer autor que propuso la idea de la simbiogénesis, según la cual algunos órganos, e incluso algunos organismos, no surgían en la evolución por el gradual mecanismo de la selección natural, sino mediante asociaciones simbióticas entre una especie animal o vegetal y algún tipo de microbio. Merezhkovsky también postuló que el núcleo de la célula eucariota provenía de un antiguo microorganismo, anticipándose en más de 70 años a Lynn Margulis. Los trabajos Merezhkovsky pasaron inadvertidos.

En 1927 el libro Simbiosis y el orígen de las especies Ivan Wallin argumentaba que las nuevas especies se originaban mediante simbiosis. Wallin puso especial énfasis en la simbiosis entre animales y bacterias, un proceso al que llamaba «establecimiento de complejos microsimbióticos» o «simbiontismo»” (Margulis y Sagan, 2003). Escribió nueve trabajos explicando su teoría y experimentos pero sus conclusiones fueron tenidas por absurdas.

En Francia, el biólogo Paul Portier también llegó a conclusiones parecidas sobre el origen simbiótico de las eucariotas. Otro trabajo que pasó inadvertido fue Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución (1926) de Boris Mihailovich Kozo-Polyansky que “conceptualiza todos los ejemplos y pruebas que sustentan la teoría de la simbiogénesis. Desde las cianobacterias hasta los coleópteros que viven con bacterias en su interior, que se encargan del metabolismo del nitrógeno.” (Margulis, 2009).

Simbiogénesis seriada

La teoría de la simbiogénesis constituye una idea revolucionaria dentro del darwinismo, al poner de manifiesto que los procesos integrativos tienen un valor evolutivo mayor (quizá el único verdaderamente importante) que el de las mutaciones al azar neodarwinianas. Margulis dice al respecto: “Los cambios aleatorios en la base de ADN juegan, sin duda, un papel en el proceso evolutivo. Son como errores de imprenta que se multiplican en cada ejemplar del libro. Raramente contribuyen a clarificar o ampliar el sentido del texto. Tales pequeños cambios aleatorios son casi siempre inconsecuentes —o incluso dañinos— para el conjunto de la obra. No es que estemos negando aquí la importancia de las mutaciones. Únicamente insistimos en que, siendo tan sólo una pequeña parte de la saga evolutiva, la mutación ha estado siendo dogmáticamente sobrevalorada. La parte mucho mayor de la historia de la innovación evolutiva, correspondiente a la unión simbiótica de organismos de linajes distintos”.

Los microorganismos muestran numerosos mecanismos de traspaso de ADN en forma de genes enteramente funcionales. Los cambios en las condiciones que resultan en cambios en el comportamiento y entre esos comportamientos, el intercambio de señales, moléculas y ADN y la tendencia a unirse a otras formas de vida es una condición muy común, mucho más de lo que aún hoy la mayoría de los biólogos comprenden.

Margulis señala que cuanto más estrecha es la asociación simbiótica, más desdibujados aparecen los simbiontes implicados y es la complejidad y la capacidad de respuesta de la vida las que se manifiestan en la aparición de nuevas especies a partir de fusiones entre antepasados distintos. Para citar un ejemplo, real, observable , podemos citar a los líquenes. Estos “nos proporcionan un ejemplo característico de simbiogénesis. Es más, el individuo liquen es algo diferente de sus dos componentes. No es ni un alga verde o una cianobacteria, ni un hongo. Es un liquen. Los líquenes, novedades evolutivas surgidas por medio de la adquisición de genomas de alga o de cianobacteria, tomaron su propio camino y exhiben características distintas a las de sus antepasados” (Margulis y Sagan, 2003).

Margulis, lamentablemente, se olvida del rol fundamental que tienen los virus y elementos móviles en esta construcción, dado que el ciclo de vida viral implica un estado “vivo” muchas veces no considerado y que es, precisamente, su integración a genomas, bacterias y organelas (hay fagos en mitocondrios, que incluso se “traspasaron” al genoma “central” del núcleo). Allí, los virus nos demuestran su capacidad de ingresar nuevos genes, nuevas regiones reguladoras que insertadas en una línea germinal es capaz de alterar la expresión y de acuerdo al contexto donde los genes e movilicen pueden reaultar en apariciones de nuevas estructuras. Un ejemplo de esto lo constituyen los genes hox, secuencias génicas que “significan” algo. Si un grupo de genes hox que significan ojo son colocados en una región del genoma de la línea germinal pueden hacer aparecer ojos en lugar de, por ejemplo,  alas. Por otro lado si sumamos las evidencias de la movilización génica tan común y la aparición de unas u otras estructuras de acuerdo al contexto genético y metabólico donde se inserten (virus y elementos móviles, en respuesta a condiciones ambientales que varíen bruscamente) podemos construir una teoría evolutiva mas acorde a las observaciones que sustentada en supuestos.

Otro aspecto que me interesa remarcar es que Lynn Margulis, aun planteando una teoría revolucionaria, que es capaz de confrontar a la simple y reduccionista teoría del azar y la mutación, insiste en salvar a la selección natural pese a que claramente este concepto no agrega ninguna información o conocimiento que aportar a la comprensión del fenómeno evolutivo.

Por un lado la teoría endosimbiótica revela que la simbiosis es la responsable de la aparición de novedad biológica y no las mutaciones aleatorias (errores genéticos) que son casi siempre dañinas y además entiende que la naturaleza es una construcción de procesos integrativos en los surge o emergen nuevas propiedades no presentes en los componentes que se integraron (propiedad de la vida llamada “Emergencia”) y  contrapone esta imagen a la visión reduccionista, según el cual la naturaleza sería un campo de batalla donde únicamente prevalecería la competencia. Pero por otro lado, Margulis a la vez sostiene que es la selección natural la que fija los procesos simbiogenéticos. Esta necesidad dogmática de salvar a la selección natural, es por un lado un legado de la formación darwiniana y a la vez una imposición del sistema científico que no permitiría la difusión o publicación de cualquier idea que critique fuertemente a la selección natural y su papel de confundir y no explicar los hechos observables.

Para terminar dejo un párrafo de Lynn Margulis, en el que propone una visión integradora, holística, del estudio de la naturaleza. Su aporte a la construcción de una nueva biologia es fundamenteal. Es necesario integrar además, los aportes de autores que consideran el papel central de los virus en el proceso de integración, como el virólogo Patrick Forterre (ver Definig Life: the Virus viewpoint, The ancient Virus World and evolution of cells, entre otros) y el biólogo Máximo Sandín, y poder llegar a una interpretación, no solo del proceso evolutivo, sino  también de la naturaleza en general. Actualmente, una visión mercantilista, reduccionista, darwinista de la naturaleza ha llevado a ignorar miles de años de un proceso integrativo que nos ha definido a los seres humanos a ser tal como somos. Por lo tanto,  una visión holística, que reconoce a la integración como el mecanismo que nos define, podría dar una solución una vez ya asumido el daño inicial.

Ahora, el párrafo de Lynn Margulis: “Al igual que el disco duro del ordenador, la molécula de ADN almacena información evolutiva pero no la crea. Puesto que no son “entidades” en un sentido coherente, los genes egoístas pueden ser comparados a invenciones de una imaginación hiperactiva, inicialmente anglófona. El verdadero ser es la célula viva, entidad que no puede evitar crear copias de sí misma. Ella es el personaje central. El motor de la evolución se mueve gracias a seres diminutos de cuya existencia apenas somos conscientes. Les tememos y los maldecimos, pero las bacterias, estos seres vivos y diminutos, escapan a nuestra atención salvo en esas ocasiones temibles en que nos alarman o nos amenazan. Ignoramos o desdeñamos el hecho de que tienen vida propia. Pero la tienen. Las acciones de las bacterias y de otros seres invisibles perpetúan y generan especies viejas y nuevas.” (Margulis y Sagan, 2003).

Referencias:

Margulis,L.,and Fester,R.(1991). Symbiosis as a Source of Evolutionary Innovation: Speciation and Morphogenesis. Boston,MA: MITPress.

Margulis,L.,and Sagan,D.(1995) What isLife? NewYork,London: Simon and Schuster.

Margulis, L; Sagan D. (2003). Captando Genomas. Una teoría sobre el origen de las especies. (1ª edición). Barcelona: Editorial Kairós.

Sandin, M. (2001)- Las sorpresas del genoma. Disponible en http://www.somosbacteriasyvirus.com/articulos.html

Emiliano Salvucci https://esalvucci.wordpress.com/

LA CRISIS DARWINISTA


La crisis del Paradigma

La biología se encuentra en crisis. Actualmente carece de un marco teórico que permita explicar los descubrimientos que se multiplican en los diferentes centros de investigación del mundo. El paradigma darwinista dominante, con su visión mercantilista de la naturaleza, provocó un alejamiento de la realidad y los complejos procesos naturales. La Biología se encuentra sin explicaciones frente a la complejidad de la naturaleza puesta en evidencia con cada descubrimiento y sin la posibilidad de controlar las consecuencias de lo que se intenta manipular, llevada hasta aquí por este dogma central de la biología, la teoría darwinista. La necesidad de reformular una explicación de la evolución, sin embargo, es ignorada o peor aún, desacreditada por los férreos defensores de la denominada teoría sintética de la evolución. También conocida como síntesis moderna integra el mecansmo de selección natural de Charles Darwin, la genética de Gregor Mendel como base de la herencia biológica, la mutación aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones matemática. La teoría sintética atribuye a cambios aleatorios en el material genético, la fuente de variación (todo ocurre por el más completo azar) generando cambios en las especies seleccionadas de manera gradual.

Pero sucede que esta síntesis es incapaz de explicar los complejos procesos que constituyen la evolución, o para decirlo más apropiadamente, la transformación de las especies. Aquí hay que mencionar que es un error igualar los términos evolución y darwinismo: la evolución es un hecho comprobado, en tanto que el darwinismo es una teoría que pretende explicar la evolución, basándose en la selección natural, un mecanismo vagamente definido cuyo origen se remonta a la práctica de los ganaderos y criadores que seleccionaban características anormales en función de sus intereses. Según esta hipótesis, la Naturaleza ejercería una misma selección de los seres “más aptos”. El doctor Máximo Sandín, bioantropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, asegura en su artículo “Teoría Sintética, Crisis y Revolución”, que “a partir de los descubrimientos de la Genética Molecular, y especialmente de la Genética del Desarrollo, la implicación de elementos móviles, virus endógenos, secuencias repetidas, genes homeóticos convirtieron lo que eran discrepancias con el registro fósil y la observación de las especias, en una abierta y clara contradicción entre la basa teórica y los datos observados” (Sandín, 1997).  La teoría darwinista de la selección natural no es científica porque es una tautología. Un artículo muy interesante al respecto es el de Robert Peters, publicado en 1976, titulado “Tautología en evolución y Ecología”. El autor expresa que la teoría de la selección natural, un concepto nunca definido claramente por Darwin, determina que sobreviven los más aptos, pero ¿los más aptos para qué? Para sobrevivir. Lo cual constituye una clara tautología. Peters argumenta además que una teoría debe ser capaz de establecer predicciones acerca de los resultados o posdicciones cuando se trata de inferencias en el pasado, criterio que no cumple la selección natural concluyendo que esta “teoría” no es científica (Peters, 1976).

Las pruebas evolutivas aportadas por la ontogenia, las aportadas por el registro fósil, los homeoboxes, las novedades morfológicas, la transferencia horizontal, la integración de genomas, la presencia en alto porcentaje de genes bacterianos y virales en los genomas eucariotas, la respuesta al ambiente y los fenómenos epigenéticos, los sistema autoorganizados, son algunos de los aspectos que conforman el cúmulo de conocimientos que no pueden ser explicados por la teoría de la competencia, la selección natural, las mutaciones puntuales y el azar darwinistas. Los continuos descubrimientos confirman que la complejidad de la naturaleza y un proceso tan complejo como es la evolución no pueden explicarse por un mecanismo tan simple como lo es la selección natural. La idea de la selección natural es poderosa por ser tan simple. Las remodelaciones embriológicas y genómicas que construyen la evolución no parecen estar para nada explicadas con la supervivencia de los mas aptos (los menos aptos también reproducen), y con ese escenario guerrerista en que hasta los genes (palabra que hoy no tiene una clara definición dado que una secuencia de nucleótidos aislada y sin un contexto, no significa mucho) compiten. Tal como señala el doctor Sandín en su artículo “Una nueva Biología para una nueva sociedad”, “el más grave daño del darwinismo fue el de convertir unos prejuicios culturales en conceptos científicos” (Sandín, 2009:559). Y el daño de esta visión deformada de la realidad no se ha limitado al ámbito científico. La selección natural va ligada a la concepción darwinista de que en la naturaleza todo es competencia, mientras que en los laboratorios las observaciones de cooperación, asociaciones simbióticas e integración de sistemas que intervienen en cada proceso celular (sistemas complejos) dejan poco margen a los errores aleatorios (Sandín, 2002; Buchanan, 2009).

Entre los científicos críticos del dogma dominante, se encuentran algunos darwinistas que intentaron explicar las falacias de la teoría dominante como Stephen Jay Gould y Lynn Margulis, el primero estableciendo la teoría del equilibrio puntuado y oponiéndose al gradualismo darwinista y la segunda estableciendo el papel fundamental de la simbiosis en los mecanismos evolutivos. Otros científicos que denuncian los orígenes e intenciones tras la máscara científica del Darwinismo se encuentran además de Sandín, Michael Behe, Niles Eldredge, Mauricio Abdalla y Guillermo Agudelo Murguia, entre otros. Algunos de ellos, propusieron y/o proponen la necesidad de establecer un marco teórico que permita explicar la evolución y permitir un nuevo enfoque y abordaje de las investigaciones y descubrimientos (Abdalla, 2006). Los científicos que, con gran espíritu crítico, exponen las falacias del dogma dominante planteando nuevas teorías con sustento científico, han recibido como respuestas por parte de los acérrimos defensores del pensamiento hegemónico, una mezcla de desprecio, ataques personales, y etiquetamientos de sus pensamientos, a fin de evitar una discusión seria, confirmando el vacío del sustento teórico actual y/o la incapacidad de comprensión y apertura por parte de los autodenominados grandes exponentes de la biología. Tales reacciones, sumada al elogio exacerbado de la figura de Darwin, adjudicándole una genialidad, originalidad, y hasta poderes de “iluminación” mental a partir del cual “todo esta ya explicado” rechazando cualquier uso de la razón, pone en evidencia lo que afirma Agudelo Murguia describiendo al darwinismo como la religión derivada del culto a Darwin (Agudelo Murguía, 2006).

Puede resultar decepcionante comprender que el sustento de la biología es una especie de nebulosa, una inercia científica y una imposición de un dogma cuyo origen es el sistema económico liberal. Plantear la necesidad de un sustento teórico nuevo que explique los complejos fenómenos evolutivos es imperioso. De la misma manera que la física sufrió etapas de crisis ante los nuevos descubrimientos y ante la incapacidad del paradigma dominante de explicarlos surgieron nuevas concepciones, nuevos paradigmas, es el momento de que lo mismo ocurra en la Biología, que permanece estancada en tautologías, en el mercantilismo y la soberbia ausencia de autocrítica.

Es curioso que simultáneamente la economía mundial atraviese una de sus mayores crisis, como una ironía de la historia. La historia que enlaza la economía a la Biología, o viceversa, se empezó a trazar en el pensamiento de Thomas Malthus, Adam Smith y Herbert Spencer, y se continuó con la extrapolación, por Charles Darwin, de aquellas teorías a la naturaleza.

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ABDALLA, Maurício (2006): “La crisis latente del darwinismo”. Asclepio, LVIII-1. CSIC Madrid.

AGUDELO MURGUÍA, Guillermo (2006): “¿Es el darwinismo una religión?”. Página del Instituto de Investigación sobre Evolución Humana. http://www.iieh.com/index.php/evolucion/87-ies-el-darwinismo-una-religion.

BUCHANAN AV, SHOLTIS S, RICHTSMEIER J, WEISS KM (2009): “What are genes `for´ or where are traits `from´? What is the question?” Bioessays; Vol. 31, nº 2, pp. 198–208.

DARWIN, Charles (1859): El origen de las especies (Del origen de las especies por medio de la Selección Natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida). Buenos Aires, Ediciones Libertador, Centro Editor de Cultura, 2003.

LAMARCK, J.B. de M. (1809): Filosofía Zoológica. (Traducción al español). España, Editorial Alta Fulla, 1986.

Peters, RH. 1976. Tautology in evolution and ecology. American Naturalist 110:1-12.

SANDÍN, Máximo (1997): “Teoría sintética: Crisis y revolución”. Arbor, nº 623-624. Tomo CLVIII. CSIC. Madrid.

SANDÍN, Máximo (2000): “Sobre una redundancia: El darwinismo social”. Asclepio Vol. LII, nº 2, pp. . CSIC Madrid.

SANDÍN, Máximo (2002): “Una nueva biología para una nueva sociedad”. Política y Sociedad, Vol 39, nº 3, pp. 537-573.